El apego
La relación con los otros es un impulso biológico fundamental en los seres humanos. Desde el inicio de la vida, los bebés necesitan conectarse, comunicarse y sentirse protegidos con los adultos que los cuidan.
La primera relación entre un recién nacido y sus cuidadores principales, generalmente su madre/padre, se denomina apego. La principal función del apego es el cuidado del niño/a, para proporcionarle seguridad y así garantizar que se produce su desarrollo psicológico, emocional y social saludable.
Para que una relación de apego se desarrolle de forma apropiada, se deben cumplir varias condiciones. Los niños han de poder sentirse protegidos y queridos por sus cuidadores. Por lo tanto, es fundamental que los madres/padres provean de calma, protección y contención a sus hijos, generando relaciones predecibles y estables. Si se cumplen estas condiciones, se creará un apego seguro. El bebé va a poder desarrollar un sentido de seguridad que le permitirá explorar, crecer y adaptarse a las diversas circunstancias vitales que se le presenten.
Sin embargo, no siempre se dan estas condiciones ideales. A menudo ocurren disrupciones repetitivas a lo largo del tiempo en la relación de un niño/a con sus cuidadores, como pueden ser el abandono, las críticas, las humillaciones o los abusos físicos o emocionales, entre otros. En estos casos se genera lo que denominamos el vínculo o apego inseguro. El niño/a se acomoda a la negligencia y se adapta a esa situación para poder encajar o sobrevivir.
Dentro del apego inseguro existen cuatro tipos:
- Apego ansioso-ambivalente: La característica de los cuidadores suele ser la inconsistencia y éstos suelen responder a las necesidades de los niños de manera imprevisible. Estos niños suelen tener miedo al abandono y suelen sacrificar su verdadero ser.
- Apego evitativo: La característica de los cuidadores en este caso suele ser cierta frialdad. Suelen responder a las necesidades físicas de los niños, pero no a sus necesidades afectivas. Estos niños suelen temer la intimidad y suelen sacrificar sus emociones y sus propias necesidades.
- Apego aislado: En este caso, los cuidadores suelen ser controladores y sobreprotectores. Los niños suelen tener miedo a ser invadidos y controlados y suelen crear una fachada social, manteniendo su verdadero ser en privado.
- Apego desorganizado: En este tipo de apego nos encontramos con padres negligentes y castigadores. A menudo se suelen dar casos de abuso y violencia. Estos niños tienen miedo del abuso. Y normalmente viven vigilantes, se congelan y transponen sus propias necesidades.
La manera en que se desarrolla el apego, tiene consecuencias en nuestra vida adulta, condicionando nuestra percepción del mundo, nuestra forma de relacionarnos con los demás o la manera que tenemos de gestionar y de expresar nuestras emociones.